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Y las mentiras qué

¿Has cachado a tu hijo con un repertorio de “mentiras piadosas” estilo Pinocho?

Una de las cosas que nos inquietan a los padres es descubrir que nuestros hijos dicen mentiras, pero siendo ultra honestos, ¿quién no las ha dicho alguna vez? A veces justificamos las mentiras, que si es piadosa, que si fue inconsciente, que si era para evitar el daño, que si era jugando. Detrás de una mentira siempre habrá un motivo, justificado o no. Juzgar si mentir es bueno o malo es algo que cada quien hará de manera personal. En mi caso, soy de la opinión de que mentir no es sano, ni al corto ni al mediano plazo. Que si a veces puede estar justificado, es tema de otra publicación.

Aquí el asunto es revisar por qué los hijos mienten y qué hacer con eso.

En el caso de los niños, sobre todo de los más pequeños, es importante discernir una fantasía de una mentira inconsciente y de una mentira intencionada. Los niños de edad preescolar pueden generar en sus mentes un mundo de magia e irrealidad que les ayuda a explicarse y entender su entorno. Conforme el niño va creciendo va siendo capaz de distinguir fantasía de realidad y cuando llega a la preadolescencia desarrolla la capacidad de abstracción que le permite entender aún mejor las cosas que le suceden.

Tal vez una mentira ocasional sea el recurso que un niño utilice para salir bien librado de una situación, como para librarse de un castigo o llamada de atención, o para evitar el rechazo de sus pares en un determinado momento. Sin embargo, hay niños que tienden a decir mentiras de forma inconsciente o intencionada con mayor frecuencia. En estos casos es importante revisar cuáles son los motivos que llevan a un niño a mentir de manera repetida.

Los niños pueden mentir por:

  1. Miedo al castigo o a la reprimenda severa
  2. Miedo al rechazo en su entorno
  3. Baja autoestima y descontento consigo mismo
  4. El deseo de obtener un beneficio o un privilegio que creen no obtendrán diciendo la verdad (manipulación)
  5. IMITACIÓN

En el caso de una mentira inconsciente, el niño o adolescente puede vivir en un autoengaño, relacionado a interpretación distorsionada de la realidad y a la incapacidad de entrar en contacto consigo mismo y el mundo que le rodea. Tal vez producto de un entorno difícil, el niño puede crear una fantasía que le permite tolerar mejor las circunstancias que vive.

Finalmente, una situación que poco consideramos es la imitación. Muchos niños mienten porque lo observan de los adultos a su alrededor. Recordemos que los niños aprenden mucho más de lo que ven, que de lo que oyen. Podemos caer en la incongruencia de preocuparnos por las mentiras de nuestros hijos y olvidar que nosotros se las “modelamos” cuando nos negamos a alguien que nos busca por teléfono o en la puerta de nuestra casa.

En cualquier caso, percatarnos de que nuestro hijo miente de manera repetida es algo que debería de llamar nuestra atención para buscar el fondo de esta conducta. A la larga la persona que miente puede desarrollar una dificultad para distinguir la realidad de la mentira e incluso caer en el autoengaño. Mentir se vuelve un rasgo de la persona y le ocasiona problemas en su autoestima y en sus relaciones con los demás por la pérdida de la confianza que genera en aquellos que descubren sus mentiras.

Si tu hijo miente, acércate a él/ella, revisa cómo se siente, cómo piensa de si mismo/a, qué miedos tiene. Es muy probable que si inicias una conversación asertiva, sin regaños ni críticas, te revele su mundo interior.

Dra. Claudia Vega

By |2018-11-21T08:58:42+00:00noviembre 21st, 2018|Crianza|0 Comments

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